Irán y Arabia Saudita: situación actual

El sábado pasado, Arabia Saudita ejecutó 47 personas acusadas de terrorismo. Fue la ejecución en masa más numerosa del reino en más de tres décadas, pero la airada protesta que produjo el acto tuvo como foco la muerte de solo una persona: el líder religioso chiita Nimr-al-Nimr.

Arabia Saudita es un país con mayoría suní, y afirma que al-Nimr era un “terrorista”. Para Irán, país musulmán chiita, se trata de un mártir. El día después de las ejecuciones, las protestas en la capital iraní, Teherán, acabaron con el incendio de la embajada saudí; como respuesta, Arabia Saudita cortó relaciones diplomáticas con Irán y dio al embajador 48 horas para abandonar el país. Todos los vuelos entre Irán y el reino de Arabia Saudita han sido cancelados.


La reacción de otros países

Los dos países han estado combatiendo en una guerra subsidiaria durante años en distintos países, como Yemen e Iraq, pero, con esta última escalada de violencia, el de los dos pesos pesados de Oriente Medio es ya un conflicto abierto que afecta a otros países. Bahréin fue el primero después de Arabia Saudita en cortar lazos con Irán, y le siguieron Sudán y Kuwait, mientras que los Emiratos Árabes Unidos afirmaron que rebajarían sus relaciones diplomáticas con Irán. En el momento de escribir este artículo, Irán ha acusado a Arabia Saudita de bombardear deliberadamente su embajada en Yemen. Todo esto significa que, ahora mismo, dos miembros fundadores de la OPEP están en pie de guerra y que otro de los fundadores ha tomado partido públicamente.


¿Qué implica todo esto para la OPEP?

La posibilidad de que este conflicto derive en un cisma dentro de la OPEP es muy improbable. Después de todo, no es la primera crisis entre países integrantes de la organización – recordemos el conflicto entre Irán e Iraq y la primera guerra del golfo. Sin embargo, en esta ocasión cabe hacerse una pregunta clave:


¿Subirá el precio del petróleo?

Pues bien, si la escalada de tensión no va más allá, las probabilidades son bajas. Los saudíes ya han dejado claro que no piensan reducir la producción. De hecho, sigue vigente su plan de hacer caer el precio del crudo hasta un nivel al que EEUU ya no pueda competir, con la esperanza de que, a largo plazo, ello obligue a la industria del petróleo de esquisto a dejar de producir y que el precio entonces empiece a subir. Hay que decir que es un plan bastante comedido si lo comparamos con el de mediados de la década de 1980, cuando Arabia Saudita aumentó deliberadamente la producción de petróleo para hacer caer el precio de esta materia prima, sacando del mercado a otros países de la OPEP, y ello para obligarles a aceptar un sistema de cuotas de producción anual.


En cuanto a Irán, el reciente levantamiento de sanciones comerciales contra el país hace que sea improbable que tomen el relevo del reinado de la producción de petróleo, aunque necesitarán todas las rentas que puedan conseguir para tratar de reconstruir su economía, y vender petróleo en todo el mundo podría proporcionarles los fondos que tanto necesitan.


Claro que si finalmente estalla una guerra a gran escala, las cosas podrían tomar un curso muy diferente. Pero tal como está la situación ahora mismo, a pesar de la tensión, lo más probable es que la OPEP siga como hasta ahora; en cuanto al precio del petróleo, es igualmente improbable que se vea muy afectado por las tensiones, ya que no se contempla el final de la sobreproducción.